Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Cuando una
lágrima humedeció
la infinita tristeza de mis
ojos pude visualizar que existía
un horizonte.
Sin
saber
qué era lo
que embotaba
mi existencia, por eso
presentía que mi mente
no era totalmente ausente
de ello.
¿A quién culpar
por haber ocultado mi
secreto y verme obligado
por mis instintos a buscar el
deseo, la motivación y el amor,
y así despertar a la vida, aunque ya
la vida en otros aspectos había sido tan
benévola conmigo?
Siempre hubo
en mi mente una
pregunta, cómo lograría
satisfacer mi ansiedad, si
supuestamente era joven y virgen
y esto no permitía iniciarme en ningún
tipo de relación.
Finalmente
llegaste tu y con
ternura, dulzura y
sagacidad, te ganaste
mi amor y me iniciaste en
algo desconocido pero placentero.
Apoyado
en tus encantos
que me enloquecieron
y en mi pasión espontanea
pero insaciable; así llegué a
quitarle el manto que mi virginidad
había puesto a mis ojos y la inocencia
se esfumó para darle paso a la vida y al amor.