Sentiste ese aroma de una fémina gustosilla cual cerezos incipientes cuando a tu lado ella pasó; trotabas.
Casi te trastabillas, al verla caminar pausadamente con esa sinuosidad propia de una damisela provocante que hace girar hasta el menos osado. La gatita caminaba a través del ramaje tupido del parque placidamente, pero, atenta al gorrión que trinaba sin percatarse del peligro inminente.