Cantaba por las mañanas entristecido el ruiseñor,
con su trinar parecía reclamarle humildemente
al orgullo que en sus rayos
escondía el señor sol;
mientras el aroma del romero se desplazaba por el aire
con el punto vernal queriendo despertar,
en el panal las abejas hacían almíbar a los llanos...
deseaban ver de nuevo felices aquellos ojos enrojecidos
[de tanto llorar y amar…
porque el néctar de su amargura
eran lágrimas pesadas resbalando lentamente
sobre las aguas cautelosas
de la cascada del soñar.
Cual lápices y acuarelas las colas de los peces
describen en el tapiz los colores del paisaje;
en un etcétera el lenguaje ha escondido la mirada;
al final de tantas líneas surcó lomas y valles,
esquivando las reglas que rigen placer y amor,
y a la esperanza que vuela entre un beso y una flor.
Las águilas han dejado sus garras enclaustradas
[en los troncos de los árboles;
estos versos declamados a la diva de los lares
simplemente se desgarran
en la continuidad de un alma que no encuentra refugio
[al infierno de sus bondades.
Mañana entregará bajo un eclipse de luna,
la aurora boreal perdida con las negras aceitunas;
la espuma cristalina que germina sus semillas
en salitrada agua de mar;
la ola verde que revienta en los campos
donde ha caído la lluvia ácida del desamor,
agua que se ha esparcido
por el sendero de los rieles donde cruza
el tren fantasma sin vagones
entre puntos suspensivos para encontrar al amor;
mientras… los sueños se desvanecen,
diciendo adiós al color.
Las galantes caracolas van dejando su huella
bajo la luz tenue de los astros menguando sobre la arena.
Se va desprendiendo el veneno de la serpiente que se anida
[al centro de su sufrir;
no hay antídoto en los besos…
sólo las llamas que arden
[como leña húmeda en su penoso existir.
No es historia que se cuente…
no es leyenda de caminos,
tan sólo es el reflejo de una mirada profunda,
que viaja confundida entre miríadas de estrellas
al compás del estribillo del coro de los ángeles
y la música que suena desde lo hondo del cielo
acompañada de la voz del eco solista
[y sonoro de las harpas,
y el sonido de trueno que emiten
las cuerdas gruesas de los roncos violoncelos.
Ya no habrá etcétera en el presente indicativo,
donde el había hacía todo lo que tenía
acrecentando cada día la nostalgia que dormía
desde un corazón que revienta palpitando
entre suspiros que mueren de rabia y de agonía.