POEMA DEDICADO A MI ABUELITA MATERNA SRA. JUANA EMELINA MARTÍNEZ SEQUEIRA VIUDA DE VADO
ODA A LA INCLEMENCIA DE TU PARTIDA
Viernes siete de Octubre del año dos mil once.
Una persona amada ha dejado de existir.
Un lisonjero grito de angustia ha empapado el horizonte
[al saber de su partida
y cisnes negros abruman las visiones
que en vigilia se asilan en las pupilas de mis ojos.
Los genes se anudaron y han hecho metástasis
en el énfasis de mi historia.
No encuentro nada que haya dado forma a mi existencia…
y laten avergonzados
dejando su sentir en las sonajas de mi sangre
que rebulle y suena por mis venas con eco de desconsuelo.
La intranquilidad de saberme lejos,
me arrebató la paz anhelada;
hubiera querido estar allí para poder darte el apoyo
y las palabras de amor -que quizás- te ayudarían a bien morir.
Y en breve reflexión mi alma entristecida no sabe describir
[este momento de dolor…
solamente sé que yo no pude estar ahí
para verte partir.
Supe de la inclemencia de tus últimos momentos.
Indigente todo aquel que no sufrió al saber de tu tormento;
de esos momentos negros por el padecer y la pena…
Te dejaron sola y abandonada a tu suerte.
Nadie estuvo con vos.
Ojos desconocidos, manos ajenas,
voluntades compradas,
eso fue lo que rodeó tus últimos momentos…
Nadie de los que amaste, ninguno de los que amabas
estaban ahí presentes,
fueron seres extraños los que cerraron tus ojos
en el umbral de la muerte.
Triste fue tu partida…
Más sin embargo, los que abrupta y desvergonzadamente
[hoy lloran por tu muerte,
nunca sintieron el amor que profesaste
cuando estabas aun presente.
Y hacen el espectáculo cuando ya no puedes verles…
Se apoderan de tu cadáver como si fueses un viejo mueble…
Ahora que ya has cruzado al edén de la libertad,
ahora que con seguridad tu espíritu genuino
ha sido ya acogido en los brazos del gran Lord
alcanzarás con las dos manos esa paz anhelada
que en tu larga vida no pudiste disfrutar.
Y los ángeles del cielo con su espada justiciera
vendrán por los indolentes;
será entonces que podrán ajustar la cuenta
que por vos dejaron pendiente
al abandonarte a tu suerte
en el umbral de la muerte.
Desdén absurdo derramado cual veneno de alacrán.
Ese río aun corre desde la pradera obscura
para fundirse lentamente en las olas revanchistas
de los mares pendencieros de avaricia y ambición…
Se escucha desde el cielo el sonido de las harpas…
gemidos de violines, llantos de violoncelos
y yo no pude hacer nada…
Sólo las líneas de este poema con las manos atadas;
sólo los versos de esta oda agobiada por el desvelo
esperando algún día poder sucumbir a las nubes
y arrastrarme en su vapor
llegar hasta el creador
y poder darte ese beso que hubiera deseado darte
Oh mimi querida, querida abuela,
ese beso que está anudando mi garganta
y que es mi último adiós.