Se despertó molesto y cansado, no había podido dormir bien toda la noche a causa de una extraña sensación en la espalda. Fue al baño, se miró al espejo, se puso de costado y comenzó a pasar y repasar las manos sobre su espalda; de pronto, descubrió una extraña costra peluda, era horrorosa, negra y despreciable; se la rascó y rascó con tal violencia que de la costra comenzó a salir tanta sangre que lo dejo exánime y muerto. Fue en ese instante que en el espejo se vislumbró un rostro semejante a él, esbozando una sonrisa, cómplice y macabra, entre sus labios...


EDITH ELVIRA COLQUI ROJAS - AUTORA