VEN, AMOR MÍO.
En la vida
todo es pasajero,
cómo los veranos y los
inviernos que marcan un
derrotero, pero siempre terminan
dándole paso a la siguiente temporada.
Así nos sucedió
a los dos, cuando el
amor lo vivíamos en
forma apasionada, apareció
la sombra del destino que nos
acompaña y le dio un vuelco a nuestro
querer.
Me sentí
acongojado,
pero como amante
tenía plena seguridad
que volverías a mis brazos.
No tuve
oportunidad
de saber el motivo
por el cual te alejabas;
todo el tiempo te esperaba,
es más, todavía te espero y te
esperaré, hasta que mi mente encuentre
un motivo que justifique tu partida.
Estoy seguro
que tu amor era
sincero y cuando
compartíamos en la intimidad,
o en la vida cotidiana, así lo veíamos
los dos; entonces que paso que la sombra
del destino se interpuso entre nosotros.
Me parece
estar disfrutando
en tu compañía de tu
último cumpleaños, después
de recorrer una distancia muy larga,
nos encontramos como lo hacen un par
de novios; pareciera que los besos no nos
fueran a alcanzar.
Todo era
felicidad y armonía,
el lugar escogido para esta
celebración lo hicimos de común
acuerdo, teniendo en cuenta que nada
faltara para que dos seres que se aman
tuvieran a su alcance hasta el último detalle
de la tecnología.
Por eso el dolor,
lo acrecientan los
recuerdos de lo vivido,
ese día y muchos anteriores
la entrega era total de parte y parte,
el tiempo nunca lo medimos, pero esta
vez todo transcurrió como si hubiéramos
vivido una hermosa primavera.
Dime, aunque
sea en sueños, en
realidad que motivó
tu partida; que seguramente
al despertar, te buscaré y si no
te encuentro, te seguiré esperando.
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