De lo profundo del mar
las ondas viajan por tierra,
desde el llano hasta la sierra
a todos pone a temblar.
Suele eso también pasar
casi siempre por defecto,
pues cuando falta intelecto,
la prudencia y la razón
puede tener nuestra acción
sobre los demás efecto.
Y aunque pasado el temblor
vuelva la tranquilidad,
queda la inseguridad,
el miedo a sentir dolor.
Porque ese golpe traidor
que agrede, a nadie respeta.
Pasa el temblor en su escueta
e irresponsable falacia
sin saber que la desgracia
nos dejó con una grieta.
Oh temblor del ser humano
que bulles desde el abismo
del odio del egoísmo,
que rompes todo lo sano.
¿No ves que queda en mi mano
como clavo, tu mentira?
Que aunque luego se retira
cuando te has apaciguado,
en el espacio ha quedado
La cicatriz de tu ira.
Molín