Despidiendo el 2011 y recibiendo el 2012...
CALENDARIOS DE CRISTAL
Gotas de lluvia en filigrana bordadas.
Doce plumas hechas de humo.
Doce hojas empolvadas.
Doce horas… medio día…
Todas corren con el aroma
a pétalos de mirtos y claveles blancos
quemados sobre los carbones encendidos del incensario,
y el fuego sagrado que arde tras del hecho consumado.
Se transforman los océanos.
El bamboleo de las olas
arroja sobre la arena
la espuma blanca de sus venas.
¡Calendarios de Cristal!.
Cada hoja que se arranca es el anuncio de un mes fallecido.
Es una página más, agotada en el zodíaco sideral.
Es el éter disipado de un espíritu liberto
que ha arrancado los suspiros de su cabello entrecano hirsuto
en su cabeza otoñal.
Entonces que alguien me diga…
¿dónde queda lo banal?.
¿Es que las páginas caducadas son cristales triturados
en las ollas cenicientas volcadas al más allá?.
¿Son cristales que revientan en experiencias que llevan
sabiduría plena por el paso inclemente de los años que se van?...
¡Sí!... simplemente son ¡calendarios de cristal!.