Debes ser una mujer
ya han pasado veinte años.
Qué pensamientos extraños
pues no sé si he de volver.
Quizá no te vuelva a ver;
el tiempo como estampida
me lleva hasta la salida,
mas, solo decirte quiero:
Cuando te entregué el pandero,
te entregué con él la vida.
Me tengo que despedir
Dios te bendiga mi niña,
hoy regreso a la campiña
en donde debo morir.
Mas, si un susurro has de oír
y no encuentras la razón,
mira desde tu balcón,
huele a flores, ve la luna.
Es el cantar de la Tuna
que anida en tu corazón.
Molín