Muy hermoso tu poema amiga Katia, en verdad has hecho eterno ese instante en el que el corazón nos sabe tan dulce como el fuego de una tarde de otoño, un poco de melancolía (que viene de miel), y un mucho de la satisfacción de comprender en la serenidad que da el día cumplido y el amor entregado como palomas hacia el cielo. Un abrazo.