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LOS HIJOS DE JACOB. (RECUERDOS DE INFANCIA)

PROSA
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Mi hermana estudiaba en voz alta.

Yo no tenía entonces ni cinco años, lo sé porque a esa edad empecé a ir al colegio.
Ella, que contaba con cinco más que yo, trabajadora y responsable como era, se afanaba cada día en repetir sus lecciones una y otra vez hasta aprenderlas de memoria.
Así que yo oía recitar las capitales, los ríos, los reyes godos y ... los hijos de Jacob.
Mientras la oía, como el que oye llover, jugueteaba alrededor con mis muñecas, aburrida, esperando a que acabara y me dedicase toda su atención.
Un buen día empecé a canturrear: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín.
Me encantaba repetir esta letanía, que, como veis, no he podido olvidar a pesar de los muchos años transcurridos.
Para mí era como un mantra musical y jubiloso, palabras alegres y raras, excepto la de José, claro, que nunca antes había oído.
Palabras sonoras, simpáticas y juguetonas que yo recitaba lúdicamente sin darle mayor importancia.

Una vez mi madre me escuchó y me preguntó:
-¿Qué son esos nombres que dices?
-Son los hijos de Jacob.
-¿Y cómo te los sabes?
- Mi hermana los estudia en voz alta...

Un día, como otros, acompañé a mi madre al colegio, a recoger a mi hermana. Al entrar, las monjas le preguntaron que cuándo empezaría yo a ir y si ya sabía alguna cosa, y mi madre ni corta ni perezosa le dijo:
-¡Madre mía que si sabe cosas! Se sabe hasta los hijos de Jacob. Anda, hija, recita los hijos de Jacob...
Y allí estaba yo, en medio de un corro de señoras que me parecían enormemente altas, con aquellas tocas aladas y picudas que tropezaban entre sí, con los ojos bajos y las manos enlazadas en la espalda recitando los hijos de Jacob, como un papagayo.
Tan muerta de vergüenza que apenas me salía la voz del cuerpo.
Cuando acabé la lista, las monjas llamaron a su vez a otras monjas que se unieron al corro y ... otra vez a recitar... allí me teníais haciendo bis y queriendo que la tierra me tragase.

A lo largo de mi vida pre-escolar me toco más de una vez repetir la función e incluso, ya escolarizada, recuerdo que vino la Madre Superiora a mi clase a ver "quién era la niña de los hijos de Jacob".

¿Qué aprendí de aquello?
Una lección muy sencilla y fácil de recordar: que aunque supiera canturrear eso de "El Miño nace en fuente Miña, provincia de Lugo, pasa por Lugo y Orense y desemboca en la Guardia, entre España y Portugal..." si no quería volver a pasar por lo mismo lo mejor era hacerlo muy bajito y sin la presencia de adultos, por si las moscas.
♥ 7 me gusta 2108 visitas · 12 comentarios

Comentarios (12)

lomafresquita
lomafresquita ·
♥ 1
Ayyy Era, qué prosa más fluída, grata y entretenida, se lee del tirón y deja un regustillo de ternura y de simpatía hacia esa niña espabilada y simpática que eras tú de pequeña. Me ha encantadooooo, eres genial, en prosa y en verso, ayyy cuanto disfruto al leerte. Besazos corazón bonito por compartirnos tu bello arte....muáááááácksss...
libelula
libelula ·
♥ 2
Me encanta,¡qué gusto da leerte, contando, con esa frescura, anécdotas tan divertida; (ahora divertidas, porque en esos momentos imagino los apuros de esa niña); a veces contemplo como las madres llevan a sus pequeñas a televisión con apenas tres añitos a "ser artistas", a veces se me encoge el alma al ver a esos pequeños, sometidos a los jueces del concurso, como dice una amiga gallega "pobriños"
Tu forma de relatar anécdotas es fantástica....uno va viendo una a una las imágenes que cuentas, nítidamente.
Besos y buenos días
Eratalia
Eratalia ·
♥ 2
¡Ay, mis dos Isabeles me visitan! ¡Qué alegría y qué gusto!
Me alegra que mi anécdota os haya entretenido.
Así que cuando me tocó aprender en mi curso aquello de las tribus de Israel... ¡estaba chupado!

Muchas gracias a las dos por ser tan amables y simpáticas.
Y por el dispendio de vuestro tiempo conmigo.
Besazos a raudales.
libelula
libelula ·
♥ 2
Te dejo una anécdota de nuestras monjas forma de posía, las mías no tenïan esos aviones en la cabeza, jajaja pero vestían como esta que te pongo igualitas jajaja, lo de Nadin ,mi gemela, es pura imaginación ...Espero que te divierta un poco y a tus visitantes...besitos.

Mi encuentro con la Poesía, cómico


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Tuve con la poesía,
desde niña un desencuentro,
(de esos que se quedan dentro)
por culpa de sor Lucía.



Cada día en los ensayos
nos hacía repetir:
-¡Entonación quiero oír
que parecéis papagayos!-



Yo prometí tres rosarios,

dos novenas, siete misas,
¡Dios, que no me den las risas,
recitando poemarios!



Mas Dios hizo caso omiso,

y el día de la función,
hicieron su aparición,
mil risas sin mi permiso

Se contagió la familia,
compañeras, profesoras,

hasta las dos directoras,
la portera y sor Emilia.


Sor Lucía se quedó,

tiesa en el suelo tendida,
pálida y descolorida
del soponcio que le dio.


Sor Flora, convocó al coro
para acabar con las risas;
se resbaló con las prisas
y al caer perdió el decoro.


Me impusieron dos castigos
Góngora y Lope de Vega,
y recitarlos sin pega
con los demás de testigos.



Hice un trueque con Nadín,

mi gemela que es la estrella;
tener memoria es lo de ella,
lo demás todo es serrín.



Más de un mes con su tarea,

los relatos y ecuaciones,
más, tres cajas de bombones

por recitar me canjea.


Tuve con la poesía
desde niña un desencuentro;
con Lorca fue mi reencuentro

bajo el sol de Andalucía.
Eratalia
Eratalia ·
♥ 1
¡Qué gracioso tu poema! ¡Y qué imaginativo y divertido, si parece de dibujos animados lo de la monja desmayada y la otra que se resbala y se cae... ¡Lo que me he podido reír!
Muchas gracias.
A ver si luego tengo un rato y me invento algo para estos hijos de Jacob, que no se queden tan prosaicos.
Gracias, Liberana de mis entretelas.
Eratalia
Eratalia ·
♥ 1


Llegaron a mi cabeza
ecos de mi tierna infancia
cuando yo, sin petulancia,
recitaba con presteza
y sin ninguna pereza
letanías que había aprendido
agudizando el oído;
a las monjas admiraba
y gran vergüenza pasaba,
pues tímida siempre he sido.

Cuando al colegio llegué
mi fama me predecía
así que con alegría
y con mucha gana entré,
pero después encontré
que era como la condena
a una perpetua cadena;
con mucha angustia pensaba
que aquello no se acababa
y que me moría de pena.


Eratalia
Eratalia ·
♥ 0
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Eratalia
Eratalia ·
♥ 1
Hija mía, Isabel, ni tengo palabras para agradecerte que acudas tan rauda y veloz a leer mis pueriles intervenciones, que, de todos modos, espero te distraigan al menos.
Me siento agradecidísima por tus desvelos.
Un beso, bonita.
lomafresquita
lomafresquita ·
♥ 1
De desvelos, nada de nada, que acudo encantada, eres maravillosa y encantadora querida Era, y sobre todo magnífica escritora y mejor persona, ea, pa que lo sepas.....muááááááckssss....
Eratalia
Eratalia ·
♥ 0
¿No hay botón de "me encanta" "me priva" "me súper anima"? Es que "me gusta" se me queda tan parco...
C
Carlets ·
♥ 1
¿La niña márttir o la niña poeta? Anda que... Apuntabas maneras pero aún no lo sabías.
Eratalia
Eratalia ·
♥ 0
Gracias, Carlets, por tu visita.
Las monjas siempre nos leían historias de los niños mártires que luego habían ido de cabeza como angelitos al cielo... y la que más y la que menos se sentía identificada con ellos...
Te aseguro que de pequeña era poco poeta yo, escritorzuela siempre lo he sido, pero la vena poetoide me ha llegado ya algo tardía...
:p:p
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