No digáis que al mirar tus ojos
despierto en ti la onda clara;
de un suspiro que brota exaltado,
palpitando el suave lumbre de tus mañanas.
No digáis que al sentir tus labios
el tenue brillo de un beso en llamas;
aclaman a los míos la caricia,
que silenciosa sin rumbo vaga.
No digáis que tus cabellos negros
al son del viento baten sus alas;
buscando el carmín de las rosas
y el fresco rocío en la madrugada.
No digáis que al verter la tinta
no quedan huellas de mis baladas;
que tejieron noches de insomnio
y el sangrar de mis heridas no olvidadas.
No digáis que al descubrir tu cielo
amarte no bastaría solo con palabras;
que dilatan el leve gemido
de una canción desesperada.
No digáis que al resbalar las lágrimas
por tus mejillas doradas;
recuerdas mi trémula sonrisa,
como un largo lamento que pasa.