En un jardín florecido va viajando una ilusión…
Se refleja suavemente en el espejo del amor,
en la dulce sensación de las begonias que extrañan
el naranja terciopelo en pétalos tricolor.
Sosiego de un detalle de esperanza tenue.
Tangible lienzo de un artista pintando desnuda la piel,
reavivando con amor la tintura de un clavel.
Temporal que con furia azota al lila y azul Jacinto,
que se oculta remojado tras de las piedras del río,
perdido con azucenas, orquídeas y rosas blancas,
en un sendero cautivo en el alma de los suspiros.
Narcisos exuberantes meditan en su color,
en la floresta que fallece reclinada en el dolor;
en los campos verdes cargados de placer,
en el inmenso valle donde dormita el vergel,
cuando se alzan girasoles justo al atardecer.
Se avista una genciana junto a flores de azahar,
en el lago que tranquilo le hace rimas al amar,
crisantemos, primorosas, le sonríen felices
al jardín de las mil flores con que sueña la cascada.
Las margaritas lloran junto a las nubes grises,
por una joven doncella que murió enamorada.
El amor profanó el fuerte olor del incienso,
se desmayaron las llamas de las velas de los cirios,
con los tulipanes de hermosos rosados,
perfumando airosos el cuerpo de aquella niña.
Ella no había pisado un lindo jardín de flores silvestres,
ni rojo carmín;
sólo el paraíso, gloria del Edén,
donde la belleza de aquel gran vergel
son de una amapola que destila versos en dulce querer.