Como un ladrón me has robado
la calma, la paz y el sosiego;
entras en el laberinto sutil donde se entretejen mis sueños;
descubro la tristeza de las lágrimas que ruedan
sobre mi níveo rostro,
y la luna se agita al clamar por un beso,
…me aconseja que despierte
para guardarme el secreto.
De encrudecida vigilia me abordó la realidad;
se reconcilió el deseo con las ganas de soñar,
porque encontré en los anhelos a mi alimento vital.
En intentos fenecidos de arrebato crucial,
mis pensamientos vuelan en perfidia sin igual,
este torbellino arrastra a mi intelecto a la angustia,
reflejando en el espejo al umbral de mi silencio.
Tu cautelosa sombra de faz reveladora;
se perdió con el abrazo de tu cruel amor furtivo;
el dolor me quiebra el alma en mil pedazos pequeños,
sortilegio que me obliga a despertar de mis sueños.
Hoy se ilumina el sendero que lleva a la eternidad,
y en los rincones de mi alma ya te ocultas temeroso;
sólo escucho los sollozos de las nubes que caminan,
del meteoro y de la luna, desafiando esa noche
en que robaste mi aliento y mis deseos de amar.