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Y siguen las lágrimas, la infinita tristeza, sigue la lluvia como si el tiempo se hubiera detenido allí, aquel maldito día. Ni siquiera se atreve la nostalgia, solo la impotencia que no cede y este sabor amargo por no haber podido hacer nada para evitar lo sucedido. Me da rabia, Ana, mucha rabia porque sé que él no me perdonaría las sonrisas nubladas, sin ganas ni razón de ser.
Vaya mi abrazo y cariño para ti, y para Fab, donde quiera que se encuentre.
Les quiero.