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Desea una flor sentir tu presencia, abrir los sentidos a toda su esencia, quemar las ideas con su padecer... y al caer la noche poder comprender el amargo dolor...hiel de su rencor.
Y tiene la flor los ojos ya secos, perdió la humedad de tanto llorar; la voz de la hoguera se apagó de prisa, liberó su alma...le dejó de amar.
Ahora la flor se encuentra felíz. Le dieron un nombre como al Tulipán, que se abre galante ahí en el jardín cerca del rosal.
Y exige la flor que seas felíz, siempre te aconseja e impulsa a seguir, guiando tus pasos en largo camino, apartando espinas, junto al matorral.
Y quiere la flor que encuentres a Dios, en el canto y risa de aquel ruiseñor... O en cada jazmín que sonríe al viento, en las azucenas, clamor, beso y verso.
Ausencia que angustia y que mata... Y ahora, muy triste la flor pétalos desflora... trozo de carbón que yace apagado, ceniza y arena, todo se ha acabado.
Este poema ha sido incluído con una breve biografía de su autora por el Centro de Estudios Poéticos de España en el Libro "Impresiones y Recuerdos", el pasado mes de Febrero/09.