El cielo está blanco
ni un tono de azul, ninguno celeste;
en plena mañana, el sol está oculto,
parece que fueran las horas tempranas...
pero no hay aurora.
Las nubes se mueven con mucho sigilo,
a lo lejos picos de lomas y cerros
flotando entre ellos una nube gris.
Al fondo el océano, da vida al paisaje
está quieto, tranquilo, sin nada de oleaje;
centrado un barco, avanzando al norte
siguiendo la ruta de veinte Gaviotas.
Sintiéndose el frío que henchina la piel
se mece en el viento una pluma negra...
va vertiginosa, sin rumbo seguro.
Al rato se escucha un ruido muy fuerte
son grandes corrientes de agua bajando,
prolongado eco aturde el sentido
como el mar bullendo en un Caracol.
Sigo pendiente desde la ventana
en el V piso de un gran edificio
la bahía al fondo y en un costado
majestuoso se alza el gran Golden Gate.
Suenan las campanas en fuerte gemido
se avista de cerca, pequeña una iglesia
sin almas por dentro, sola en su silencio.
Reseña, santuario, bullicio y belleza
el clima variando de un día para otro
crónica perfecta para un ortodoxo.
Y sigo pendiente desde la ventana
en el V Piso del gran edificio
pensando en la pluma de negro color,
en el dulce canto de un Ruiseñor,
en el vuelo corto de una Paloma,
en Rosas rosadas, delicioso aroma.
Los cienes de ideas hoy dejo en papiro
como los suspiros sagaces, fugaces
elocuente historia de alguien que añora
el caliente beso del sol de verano,
la risa del llano, el llanto del río,
la alegría verde en campo florecido
con el dulce olor de las Amapolas.
Absorta me deja la gran maravilla
que avistan mis ojos;
mi lápiz describe con todo detalle
su helada belleza...
cálida sonrisa, niebla y paraíso
el sol escondido sonriendo a las nubes
con el arcoiris en el horizonte
guiando al habitante que ama San Francisco.