Cabalgando sueño que vas a mi lado
diviso en el cielo tu luz que me orienta
es el cortejo de los Querubines
en el precipicio que me lleva a tierra.
Al ritmo de arpas, violines y pianos
se enciende la llama que ilumina al sol
la aurora boreal de brillante belleza
me regala en trozos el cristal de tu alma.
Magna e inefable, lúcida quimera
se alojó en mi pecho con tal sutileza
alzada gallarda, pobre ánima sola
que en el arca llora toda su proeza.
Competencia de ángeles por ganar un alma
quizás sea la tuya, o talvez la mía
reflejan sus rayos la espada inmortal
¡oh desliz efímero!.
Labios congelados en gélida boca
refrenan los gestos, juegan con las penas
crisoles de llanto y ganas de amar
sellan la distancia que explora la mar.
Retórico afecto que envenena y mata
espíritu liberto rompiendo cadenas
estrella brillante subyugando el norte
en donde se esconde con sigilo el llanto.
Luce envejecido, pérfido e inerte
el indigno fuego de un volcán dormido
tierra erosionada, convertida en nada
mil nubes llorando forman las palabras
que no se descifran por quererte tanto.
Entre ayes y llantos, gritos y gemidos
el dolor aflora...
el canto del río arrastra en sus aguas
aquella sospecha que el Lirio temía
de toda congoja que vierte el espíritu
de causa perdida la Flor de Azahar.
Es un sólo abrazo...
la boca musita palabras de aliento
el dolor y el llanto generan sonrisas
y el yo despoja toda fantasía por su realidad.