El amor, o dos niños dudando entre la niebla
de un paisaje que inventa cada uno a su manera;
o la confianza ingenua en la ciudad erguida
con cristales, cementos y gentes demolidas.
El amor, o dos niños ciegos jugando a ver
a pesar de las vendas que ocultan a sus garras.
Aunque inundara el odio a la sangre del alma
con los muertos de toda la tierra artificial,
todavía el amor, aún sobre los cadáveres,
se abriría camino con tan solo un querer.
Porque la humanidad es una enorme fosa
donde zombis y muertos deambulan con vivos
que nos inyectan virus y envidias en la sangre.
Seamos animales salvajes, sin mañanas,
ni cementerios donde los vidrios y el cemento
conviven desgarrándose, comiéndose los cuerpos,
hasta que no les queda por morder ni el aliento.
de un paisaje que inventa cada uno a su manera;
o la confianza ingenua en la ciudad erguida
con cristales, cementos y gentes demolidas.
El amor, o dos niños ciegos jugando a ver
a pesar de las vendas que ocultan a sus garras.
Aunque inundara el odio a la sangre del alma
con los muertos de toda la tierra artificial,
todavía el amor, aún sobre los cadáveres,
se abriría camino con tan solo un querer.
Porque la humanidad es una enorme fosa
donde zombis y muertos deambulan con vivos
que nos inyectan virus y envidias en la sangre.
Seamos animales salvajes, sin mañanas,
ni cementerios donde los vidrios y el cemento
conviven desgarrándose, comiéndose los cuerpos,
hasta que no les queda por morder ni el aliento.