Melancolia en el atardecer
El sol va escondiéndose detrás de la colina atravesando los campos silenciosos y vacíos, el aire ni mueve las hojas de los árboles esperando la noche y yo, aquí con mi melancolía.
Qué tristes son los atardeceres cuando el paisaje se apaga.
¿Por qué será que deprimen tanto?
Los recuerdos me invaden. Allá en el cielo un punto empieza a brillar con intensidad dándome las buenas noches, mi lucero. Cierro los ojos y se me viene ese olor a jazmín dándome besitos en la mejilla, lo noto. Y me enternezco…, siento latir mi corazón deprisa queriéndolo coger y tenerlo denuevo
entre mis brazos, pero no puedo…
Ahora estoy bien y no debo bajar
la guardia, debo seguir así, cuidando de mis rosas, después de tantos sinsabores me llegó el momento. Ahora están en sus apogeos en las idas y venidas, queriendo conocer todo, todo les gusta, todo es un disfrute se divierten, ríen a carcajadas, son jóvenes. ¡Cómo me gustaría llevarlas a sitios hermosos…!, al teatro, a museos, a los mejores restaurantes, viajar, conocer sitios hermosos, pero no poseo ese oro valioso del dinero, la vida es injusta, “nadie da duro a real”… (como decía mi padre). al contrario, te quita, llega una mañana y se lleva todo aquello por lo que tanto has luchado y has querido. Todo lo que tengo, me lo gané con el sudor de mi frente (aunque es una frase ya dicha), es así, lo que tengo bien ganado, casa, hijos, hasta la casita blanca que todavía estamos haciendo. No puedo ni podemos darles eso, porque no poseemos caudal suficiente para esos placeres, nos cuesta llegar a final de mes llevando por delante esa ilusión de esa casita blanca para retirarnos cuando seamos viejecitos.
Pero como ya he dicho antes, debo seguir y no bajar
la guardia con mis rosas, es el momento de luchar más que nunca por ellas. No quisiera cerrar los ojos sin disfrutarla a esa casita y vernos rodeados de los brotes de nuestras rosas, con un pequeño jazmín en nuestro jardín.
El sol va escondiéndose detrás de la colina atravesando los campos silenciosos y vacíos, el aire ni mueve las hojas de los árboles esperando la noche y yo, aquí con mi melancolía.
Qué tristes son los atardeceres cuando el paisaje se apaga.
¿Por qué será que deprimen tanto?
Los recuerdos me invaden. Allá en el cielo un punto empieza a brillar con intensidad dándome las buenas noches, mi lucero. Cierro los ojos y se me viene ese olor a jazmín dándome besitos en la mejilla, lo noto. Y me enternezco…, siento latir mi corazón deprisa queriéndolo coger y tenerlo denuevo
entre mis brazos, pero no puedo…Ahora estoy bien y no debo bajar
la guardia, debo seguir así, cuidando de mis rosas, después de tantos sinsabores me llegó el momento. Ahora están en sus apogeos en las idas y venidas, queriendo conocer todo, todo les gusta, todo es un disfrute se divierten, ríen a carcajadas, son jóvenes. ¡Cómo me gustaría llevarlas a sitios hermosos…!, al teatro, a museos, a los mejores restaurantes, viajar, conocer sitios hermosos, pero no poseo ese oro valioso del dinero, la vida es injusta, “nadie da duro a real”… (como decía mi padre). al contrario, te quita, llega una mañana y se lleva todo aquello por lo que tanto has luchado y has querido. Todo lo que tengo, me lo gané con el sudor de mi frente (aunque es una frase ya dicha), es así, lo que tengo bien ganado, casa, hijos, hasta la casita blanca que todavía estamos haciendo. No puedo ni podemos darles eso, porque no poseemos caudal suficiente para esos placeres, nos cuesta llegar a final de mes llevando por delante esa ilusión de esa casita blanca para retirarnos cuando seamos viejecitos.Pero como ya he dicho antes, debo seguir y no bajar
la guardia con mis rosas, es el momento de luchar más que nunca por ellas. No quisiera cerrar los ojos sin disfrutarla a esa casita y vernos rodeados de los brotes de nuestras rosas, con un pequeño jazmín en nuestro jardín.