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se oye el crujido del viento, el de un frío sentimiento de oscuridades malditas buscando como termitas al ébano y sus sumarios, los ateos adversarios de la alquimia del devoto y su secreto remoto… en los restos funerarios.
En los árboles macizos,
cuelgan los tristes difuntos, los porfiados y presuntos condenados y enfermizos; en sus huesos quebradizos moran larvas y criaturas que vaticinan torturas en los hijos del error. ¡Consumados con terror por las conciencias sin curas!