Vertida en el clarín de las batallas,
de gloria coronada con temores,
salpicando el semblante y las morrallas
del saber de fastuosos ¡Sus señores!
Sangre desembocada por la suerte,
manchando la cordura del cansino
resistir de baladros en la muerte,
cruzada en la morada de un destino.
Sangre del sacrificio sin remedio,
filtrando las espadas triunfadoras
de heraldos escarlatas del asedio,
de las gélidas tretas labradoras.
¡El lacero y la sangre del fraterno,
coartándose en las puertas del averno!