En mi adolescencia tenía algunas amigas que me invitaban a salir, a estar con ellas en sus casas para escuchar música o simplemente entretenernos hablando de los chicos. Mis padres no me dejaban salir sola al no ser con ellas y acompañándome hasta mi casa Una de ellas tenía un hermano que estaba loquito por mí, por lo menos siempre estaba pendiente y me miraba con miradas fogosas. Tenía la costumbre de acompañarme en bicicleta (si, en bicicleta) no me quitaba sus ojos de encima y yo ni le hacía caso. Las cosas a veces se pasaban de castaño a oscuro, cuando paraba de pedalear el me sacudía con un beso. Me ponía colorada y encima intentaba echarme el brazo por encima. Pero conmigo lo tenía claro, frenaba y me negaba aceptar su compañía, me daba por ofendida y le decía que no hacía falta que me acompañase más a casa..Después de eso, su enamoramiento se le fue pasando.