De camino a Extremadura, se hallaba una casita blanca frente a Los Lagos del Serrano; era un excelente pescador y le encantaba pescar. Siempre lo había hecho, desde muy chico. Era su hobby su actividad preferida, aprovechaba cualquier momento para coger la caña y los avíos de pesca. Esta afición la compartía con sus hijos, menos con la hija pequeña que les daba pena los peces.; se había levantado temprano en compañía de ROCH. Nada más llegar a su sitio favorito tiro unas migajas de trocitos de masillas y;
-¡Ahí está, ahí está papa, ha picado, ha picado!
Roch, le hizo notar que el carrete de su caña había empezado a dar vueltas, era increíble.
-Déjalo correr, déjalo correr.
Su padre le previno para que no detuviera la bobina y la dejara rodar hasta que el pez que había picado se cansara. Entonces agarro la redecilla que tenía a mano, la metió en el agua, lo levanto con la cuerda que la tenia atada y echó un poco de agua al carrete que todavía daba vueltas.
Así no se partirá el hilo. Cerró los ojos para que no le salpicara el agua que le echaba al carrete.
-¡Ahora! Roch vio que el carrete se había detenido, el pez debía de ser grande y bien gordo, por la lucha que había tenido, así que era el momento de recogerlo.
-puedo hacerlo yo sola.
¿Qué?- mira que sete escapara mi arma, déjame que te ayude a sacarlo.
-¡no! quiero hacerlo yo.
Se te escapara, si no me dejas ayudarte y es una lástima por qué es muy grande.
-¡no papa! El pez es mío y quiero sacarlo yo sola. Roch era tan cabezota como su padre.
- Así no, así nooo estas tirando demasiado.
Papa estoy jugando con él. Lo cansare un poco y luego volveré a darle cuerda. Eso es, así, así, sigue dándole hilo.
GUAUUUU. ¡Lo vé! ¡Que grandeeee! Su padre estaba sorprendido del pescado tan grande y de haberlo sacado ella sola.Un barbo de más de tres kilos.
Cuando llegaron a casa, la hija pequeña vio como traían al pez aun con el anzuelo. Su madre estaba relajada leyendo un libro cuando la vio entrar llorando y cerrar la puerta dando un portazo. Su padre intentó consolarla con su habitual sabiduría y paciencia.
¡Mi arma, pescar para comer no es malo! Es ley de vida, ¿sabes que era el plato que tanto te gustó y te comiste anoche? Any se quedó esperando la respuesta. Era pescado. ¿Y te gustó, no? entonces, ¿qué diferencia hay entre eso y lo que hemos hecho roch y yo? Su madre le costó trabajo convencerla de que no era culpable en absoluto de la muerte de aquel pez. Al final lo consiguió pero se llevó un buen tiempo sin comer pescado.
iDesde luego mi armaque Saborío eres.
-Así asustas a tu hija
-Cariño, es solo para que se dé cuenta y entienda como funciona la vida
- ¡Vale!]¿Pero, que prisa hay?
iNiña, tenemos que ayudarla a que no sea tan emotiva. ¿No te parece?i]Hoy en día, a pesar de que son mayores todavía comparten esa afición a la pesca.
Aquellos años en que eran chicos y cenaban todos juntos en aquella mesa de mármol bajo el porche que parecía flotar bajo las estrellas han sido desde siempre uno de los recuerdos más bonito y querido. A veces se divertían lanzando pedazos de pan de;la masilla al lago, Casi no había tocado el agua cuando desaparecía rápidamente devorado al vuelo por uno de los peces que había. Entonces tiraba otro enseguida y todos se lanzaba hacia él en manada J, Junior; los miraba embobaíto por los reflejos de la luna sobre las escamas, parecían destellos, lamas plateadas debajo del agua. En silencio bajo aquel porche se oían las salpicaduras de los peces. Ella solía pensar a menudo en aquellos momentos y en aquellas cenas familiare
-¡Ahí está, ahí está papa, ha picado, ha picado!
Roch, le hizo notar que el carrete de su caña había empezado a dar vueltas, era increíble.
-Déjalo correr, déjalo correr.
Su padre le previno para que no detuviera la bobina y la dejara rodar hasta que el pez que había picado se cansara. Entonces agarro la redecilla que tenía a mano, la metió en el agua, lo levanto con la cuerda que la tenia atada y echó un poco de agua al carrete que todavía daba vueltas.
Así no se partirá el hilo. Cerró los ojos para que no le salpicara el agua que le echaba al carrete.
-¡Ahora! Roch vio que el carrete se había detenido, el pez debía de ser grande y bien gordo, por la lucha que había tenido, así que era el momento de recogerlo.
-puedo hacerlo yo sola.
¿Qué?- mira que sete escapara mi arma, déjame que te ayude a sacarlo.
-¡no! quiero hacerlo yo.
Se te escapara, si no me dejas ayudarte y es una lástima por qué es muy grande.
-¡no papa! El pez es mío y quiero sacarlo yo sola. Roch era tan cabezota como su padre.
- Así no, así nooo estas tirando demasiado.
Papa estoy jugando con él. Lo cansare un poco y luego volveré a darle cuerda. Eso es, así, así, sigue dándole hilo.
GUAUUUU. ¡Lo vé! ¡Que grandeeee! Su padre estaba sorprendido del pescado tan grande y de haberlo sacado ella sola.Un barbo de más de tres kilos.
Cuando llegaron a casa, la hija pequeña vio como traían al pez aun con el anzuelo. Su madre estaba relajada leyendo un libro cuando la vio entrar llorando y cerrar la puerta dando un portazo. Su padre intentó consolarla con su habitual sabiduría y paciencia.
¡Mi arma, pescar para comer no es malo! Es ley de vida, ¿sabes que era el plato que tanto te gustó y te comiste anoche? Any se quedó esperando la respuesta. Era pescado. ¿Y te gustó, no? entonces, ¿qué diferencia hay entre eso y lo que hemos hecho roch y yo? Su madre le costó trabajo convencerla de que no era culpable en absoluto de la muerte de aquel pez. Al final lo consiguió pero se llevó un buen tiempo sin comer pescado.
iDesde luego mi armaque Saborío eres.
-Así asustas a tu hija
-Cariño, es solo para que se dé cuenta y entienda como funciona la vida
- ¡Vale!]¿Pero, que prisa hay?
iNiña, tenemos que ayudarla a que no sea tan emotiva. ¿No te parece?i]Hoy en día, a pesar de que son mayores todavía comparten esa afición a la pesca.
Aquellos años en que eran chicos y cenaban todos juntos en aquella mesa de mármol bajo el porche que parecía flotar bajo las estrellas han sido desde siempre uno de los recuerdos más bonito y querido. A veces se divertían lanzando pedazos de pan de;la masilla al lago, Casi no había tocado el agua cuando desaparecía rápidamente devorado al vuelo por uno de los peces que había. Entonces tiraba otro enseguida y todos se lanzaba hacia él en manada J, Junior; los miraba embobaíto por los reflejos de la luna sobre las escamas, parecían destellos, lamas plateadas debajo del agua. En silencio bajo aquel porche se oían las salpicaduras de los peces. Ella solía pensar a menudo en aquellos momentos y en aquellas cenas familiare