Marián recorta sonetos.
Contar sílabas es como apagar estrellas
o las colillas de los cigarros en el cenicero
de su corazón humeante
que por una negligencia seráfica
le retoña siempre en las pestañas
que el aire amarillo de la tarde
le arranca.
Marián no escarba en la cebolla
para encontrar en el centro de sus ojos
el origen de la niebla,
sino para atrapar la mirada
que perdió en la noche de una carta astral
donde aleteaban mariposas
atravesadas por alfileres.
Marián quiere escapar.
Navega en sus pasos y su sombra hace agua.
Tiene la mitad del cuerpo hundida
en el asfalto
y la otra mitad en una ausencia de cuerpo
(quizás no el suyo)
con tendencia a los faros.
Marián grita algo.
Las palabras llegan para coserle la boca
con los hilos satinados de la araña negra.
Entonces ella habla con sus cabellos
que son un pulso de tinta
donde los bosques hechizados
se abren
para que todos los fantasmas perdidos
se reúnan en su evanescente silencio
a celebrar el recuerdo de la vida.
Marián despierta
y presiente el eco de un beso
cada vez más distante.
Pisa en el tapete un suspiro
y se prepara para salir al mundo.
Contar sílabas es como apagar estrellas
o las colillas de los cigarros en el cenicero
de su corazón humeante
que por una negligencia seráfica
le retoña siempre en las pestañas
que el aire amarillo de la tarde
le arranca.
Marián no escarba en la cebolla
para encontrar en el centro de sus ojos
el origen de la niebla,
sino para atrapar la mirada
que perdió en la noche de una carta astral
donde aleteaban mariposas
atravesadas por alfileres.
Marián quiere escapar.
Navega en sus pasos y su sombra hace agua.
Tiene la mitad del cuerpo hundida
en el asfalto
y la otra mitad en una ausencia de cuerpo
(quizás no el suyo)
con tendencia a los faros.
Marián grita algo.
Las palabras llegan para coserle la boca
con los hilos satinados de la araña negra.
Entonces ella habla con sus cabellos
que son un pulso de tinta
donde los bosques hechizados
se abren
para que todos los fantasmas perdidos
se reúnan en su evanescente silencio
a celebrar el recuerdo de la vida.
Marián despierta
y presiente el eco de un beso
cada vez más distante.
Pisa en el tapete un suspiro
y se prepara para salir al mundo.