Unos antiguos versos, a modo de romance, creo, escritos hace ya tiempo; debiere ser yo, entonces, algo golfete. Ni la letra ni el espíritu, si lo tiene, reflejan en modo alguno mi sentir y mi respeto hacia las féminas, especialmente las que ejercen la dignísima profesión (muchas veces obligadas) de prestatarias de favores sexuales remunerados. Algunos otros poemas míos lo declaran y suscriben. Pero, en una tarde de sábado, con la tele chorreando estulticia... pues eso, que os guste.
NOCTURNO
Con mi esperanza y mi Estrella
amanezco cada día;
brilla una ciega osadía
en mi aventura tras de ella.
Ella, sueño o nube negra
de una noche de alcoholes
-como luz de los faroles-
me apareció pelinegra.
Pelinegra de ojos claros
¡qué peligro, que ocasión,
que escultura, qué primor!
Salgo pitando tras ella.
Y desde entonces mi vida
insoportable se ha vuelto.
Mi Estrella me lleva al huerto;
la esperanza ya he perdido.
A Estrella, como nocturna,
la comparto con mil hombres.
maqueró ahora es mi nombre
y ándome triste y soturno.
Pero un amigo me dijo
después de catar mi Estrella:
“Bragada es la tal doncella,
aunque sin bragas me vino.
Montemos, amigo mío
un suculento negocio,
¿quieres que seamos socios
y la llevemos al río?
Acuérdate del poeta,
el que la creyó mozuela
y a poco si se la cuela
en cuanto abrió su bragueta.
Una estrella reflejada
en las aguas caudalosas
son dos estrellas sabrosas
que doblarán tu soldada.”
No pensé más; así lo hice
patentando mi negocio:
el profano sacerdocio
de duplicar meretrices.
NOCTURNO
Con mi esperanza y mi Estrella
amanezco cada día;
brilla una ciega osadía
en mi aventura tras de ella.
Ella, sueño o nube negra
de una noche de alcoholes
-como luz de los faroles-
me apareció pelinegra.
Pelinegra de ojos claros
¡qué peligro, que ocasión,
que escultura, qué primor!
Salgo pitando tras ella.
Y desde entonces mi vida
insoportable se ha vuelto.
Mi Estrella me lleva al huerto;
la esperanza ya he perdido.
A Estrella, como nocturna,
la comparto con mil hombres.
maqueró ahora es mi nombre
y ándome triste y soturno.
Pero un amigo me dijo
después de catar mi Estrella:
“Bragada es la tal doncella,
aunque sin bragas me vino.
Montemos, amigo mío
un suculento negocio,
¿quieres que seamos socios
y la llevemos al río?
Acuérdate del poeta,
el que la creyó mozuela
y a poco si se la cuela
en cuanto abrió su bragueta.
Una estrella reflejada
en las aguas caudalosas
son dos estrellas sabrosas
que doblarán tu soldada.”
No pensé más; así lo hice
patentando mi negocio:
el profano sacerdocio
de duplicar meretrices.
También te indico el bono actriz de la noche de diez pases al espectentáculo que había en el teatro de Plasencia que compraba un gerente para sus clientes del que siempre sobraban dos pases para su disfrute que podías canjear otro dia. Cooperativismo o cooperacionismo, he ahí el dilema.
Menudo poema amigo, sencillo y profundo, la unión hace la fuerza. Recibe mi más cooperacionista saludo.