El dedo acusador lleva detrás
un ejército de huesos tallados
por el silencio.
Todos son culpables de tensar
nervios, sólo anuncia el horror
de la ofensa, aunque la jauría humana vibra de miedo no depurado
y en la clandestinidad, socorren
los místicos las pruebas de los escribanos, multados con días de
desprecios y el ámbar delirio aumenta en la lejanía pellizcos
del roto suelo.
Reservados todos los derechos©
un ejército de huesos tallados
por el silencio.
Todos son culpables de tensar
nervios, sólo anuncia el horror
de la ofensa, aunque la jauría humana vibra de miedo no depurado
y en la clandestinidad, socorren
los místicos las pruebas de los escribanos, multados con días de
desprecios y el ámbar delirio aumenta en la lejanía pellizcos
del roto suelo.
Reservados todos los derechos©