Odio al venerable anciano
de tan vetusta longevidad
hastiado del vértigo celebrado,
antes, cansado de la vulgaridad.
Desprecio al decrépito juez,
con lentitud de algoritmo ilógico,
hasta quebrar las rodillas atónitas,
dispuestas a rebelarse contra la humedad.
Es aquí el silencio, la marmita oriunda,
donde se proyectan las sombras del agua
ante del fin de los pálidos planetas.
Es aquí lo elemental, el frío de las raíces,
la dentadura bellamente acorralada, el cáliz
contradictorio de ausentes testimonios.
©
de tan vetusta longevidad
hastiado del vértigo celebrado,
antes, cansado de la vulgaridad.
Desprecio al decrépito juez,
con lentitud de algoritmo ilógico,
hasta quebrar las rodillas atónitas,
dispuestas a rebelarse contra la humedad.
Es aquí el silencio, la marmita oriunda,
donde se proyectan las sombras del agua
ante del fin de los pálidos planetas.
Es aquí lo elemental, el frío de las raíces,
la dentadura bellamente acorralada, el cáliz
contradictorio de ausentes testimonios.
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