Del vientre de la ballena
Job solitario, Job hundido,
los lazos permanecen cerrados
desechos los antiguos ritos
calmas, las algas irrisorias.
En el vientre de la ballena, sus eternidades apenas
mienten, mienten con la lengua llena de fósforo o yedra,
con las ladillas propias y ajenas
de tanto vástago misterioso.
Flotan en su mundo multicolor
clamores de óxido nitroso, de hidrógeno
volcánico, donde apenas
llagan los atributos de dios en su archipiélago
hediondo.
Allá diezman vectores insolubles,
sangres de estirpes lejanas y mediocres,
llaman sus realidades de neutra insatisfacción-
su despreciable confort, y su leñera aventajada-
nos quiebran las rótulas con canales y cucharas.
Y son negros los ánades de la desdicha-.
©
Job solitario, Job hundido,
los lazos permanecen cerrados
desechos los antiguos ritos
calmas, las algas irrisorias.
En el vientre de la ballena, sus eternidades apenas
mienten, mienten con la lengua llena de fósforo o yedra,
con las ladillas propias y ajenas
de tanto vástago misterioso.
Flotan en su mundo multicolor
clamores de óxido nitroso, de hidrógeno
volcánico, donde apenas
llagan los atributos de dios en su archipiélago
hediondo.
Allá diezman vectores insolubles,
sangres de estirpes lejanas y mediocres,
llaman sus realidades de neutra insatisfacción-
su despreciable confort, y su leñera aventajada-
nos quiebran las rótulas con canales y cucharas.
Y son negros los ánades de la desdicha-.
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