Acudo en masa
a los hospitales.
Los hipogeos
no me son ajenos.
Tampoco las tumbas
y lápidas. Las memorias
de las víctimas; los secretos
de los sacerdotes.
Llevo pantalones, atuendos voladores,
sayos, y menstruadas leches
ordeñadas: desayuno con ellos:
los propietarios del comercio.
En este lupanar insensato,
cabe todo: esputos, sangres,
ascos. Y una cantidad insurgente
de orinas, placentas, y fetos.
Todo se produce en esta ribera
mágica, donde habitamos
los indolentes pacientes, y los
tentáculos que aseguramos
las redes sociales. Minamos
desde dentro, el buen oficio
del político; ese que dicta
lo que habrá de ser el futuro
con una sonrisa monocorde.
Sin contar con el presente,
descontando el pasado.
©
a los hospitales.
Los hipogeos
no me son ajenos.
Tampoco las tumbas
y lápidas. Las memorias
de las víctimas; los secretos
de los sacerdotes.
Llevo pantalones, atuendos voladores,
sayos, y menstruadas leches
ordeñadas: desayuno con ellos:
los propietarios del comercio.
En este lupanar insensato,
cabe todo: esputos, sangres,
ascos. Y una cantidad insurgente
de orinas, placentas, y fetos.
Todo se produce en esta ribera
mágica, donde habitamos
los indolentes pacientes, y los
tentáculos que aseguramos
las redes sociales. Minamos
desde dentro, el buen oficio
del político; ese que dicta
lo que habrá de ser el futuro
con una sonrisa monocorde.
Sin contar con el presente,
descontando el pasado.
©
Saludos.