IV
Desde los trigales, flechas perfumadas de harina
dejan una estela dorada.
Al sol inmóvil lo atrapo con el sombrero
y me bebo la luz infinita
para regar esos trigales y
que en el pan de cada día
resuciten nuestros muertos
Desde los trigales, flechas perfumadas de harina
dejan una estela dorada.
Al sol inmóvil lo atrapo con el sombrero
y me bebo la luz infinita
para regar esos trigales y
que en el pan de cada día
resuciten nuestros muertos