VIII
Por las orillas de la noche
acompañadas del frio que acuchilla
hasta los huesos
y un llanto interminable en el que se
ahoga el rio;
van las madres cubiertas de bondad
por la memoria de sus amores
que desaparecieron entre las sombras,
se los llevaron a escondidas de la noche
en el final de su agonía.
Junto a las sombras recorramos
los cuarteles silenciosos
las miradas aterrorizadas
los gemidos clandestinos
los claveles ensangrentados
las lámparas destrozadas
los libros y los cuerpos incendiados
las voces torturadas en el tiempo
las cartas borrosas y amarillas que nunca
llegaron a las manos ansiosas.
Por las orillas de la noche
el espanto quedo mudo
invalido, sin poder hacer una mueca,
las suplicas fueron acribilladas
con metralla de odio y terror,
nadie debe contar la historia
de estas noches violadas y exterminadas
donde las lagrimas se juntan con la orina y
se revuelven con la sangre tibia.
Silenciosamente se escuchan
las risas de las hienas
en el cuarto subterráneo.
Por las orillas de la noche
acompañadas del frio que acuchilla
hasta los huesos
y un llanto interminable en el que se
ahoga el rio;
van las madres cubiertas de bondad
por la memoria de sus amores
que desaparecieron entre las sombras,
se los llevaron a escondidas de la noche
en el final de su agonía.
Junto a las sombras recorramos
los cuarteles silenciosos
las miradas aterrorizadas
los gemidos clandestinos
los claveles ensangrentados
las lámparas destrozadas
los libros y los cuerpos incendiados
las voces torturadas en el tiempo
las cartas borrosas y amarillas que nunca
llegaron a las manos ansiosas.
Por las orillas de la noche
el espanto quedo mudo
invalido, sin poder hacer una mueca,
las suplicas fueron acribilladas
con metralla de odio y terror,
nadie debe contar la historia
de estas noches violadas y exterminadas
donde las lagrimas se juntan con la orina y
se revuelven con la sangre tibia.
Silenciosamente se escuchan
las risas de las hienas
en el cuarto subterráneo.