Como un árbol, tu vida;
de cuyas ramas extraes hojas,
algunas venenosas, otras
simplemente, amargas.
Luces y contrastes, de una
vida larga, aunque no fructífera,
tal como te hubiera gustado.
Quizás, esa amargura a la que
ahora te aferras y cuyo origen
quisieras no conocer, sea mañana,
luz de altas horas profundamente
meditadas. Y no sólo pamplinas
delirantes de algún mal interpretado
deber. Sea. Mas no te aflijas
si toda tu vida entera, la pusiste
a resguardo de un pésimo centinela,
que nunca vio las estrellas. Sal
sal, y distráete con las hojas,
con las luces, con los remotos
placeres de ayer.
©
de cuyas ramas extraes hojas,
algunas venenosas, otras
simplemente, amargas.
Luces y contrastes, de una
vida larga, aunque no fructífera,
tal como te hubiera gustado.
Quizás, esa amargura a la que
ahora te aferras y cuyo origen
quisieras no conocer, sea mañana,
luz de altas horas profundamente
meditadas. Y no sólo pamplinas
delirantes de algún mal interpretado
deber. Sea. Mas no te aflijas
si toda tu vida entera, la pusiste
a resguardo de un pésimo centinela,
que nunca vio las estrellas. Sal
sal, y distráete con las hojas,
con las luces, con los remotos
placeres de ayer.
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Pero luego de pasar por ese duelo, uno descubre que las luces de la noche
alumbran el camino hacia una nueva vida y los ojos se llenan de paisajes
desconocidos; los oídos de voces tiernas y la boca de dulces besos...
¡Gracias por compartir siempre tus letras emotivas que hacen meditar!
Un abrazo con cariño vuela...