La humildad hizo un duelo con la soberbia,
ambas acordaron competir en combate alturado.
La soberbia hacía gala de sus talentos y de sus habilidades
la humildad asombrada solo lo escuchaba y callaba.
La soberbia todas su hazañas cantaba y todas sus riquezas materiales pregonaba;
la humildad tenía sus premios escondidos bajo una rama y de sus bienes nadie sabía nada.
La soberbia le decía soberana:
-Oye humildad ¿Qué haces como tonta allí parada?
Ven exhibe tus también tus galas.
Pero la humildad solo escuchaba y callaba.
La soberbia montó en cólera y le dijo:
-¿No ves que así te gano fácil?
Hazme competencia para que pueda disfrutar mi triunfo,
o si no, adúlame, dame aplausos como lluvia.
Y la humildad muy sensata le dijo:
-Sé lo que valgo no tengo hacer tanto brinco,
mejor callar y dejar que otros exalten mis logros.
De tanto subir a los rascacielos del triunfo
te puedes dar una caída muy mala,
puede llegarte la soledad, la vejez o los días aciagos,
entonces tus riquezas y vanidad no te servirán de nada.
La soberbia avergonzada viendo que la humildad muy bien razonaba,
bajó la cabeza,
¡Había perdido la batalla la ruin, tirana!
Autora: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Derechos Reservados