Esa rosa de la fe
¿Qué me hiciste, Señor, en esta herida?,
¿me la abriste, tal vez, porque cerraba?,
¿o quizás por la costra que ocultaba
la secreta penuria de mi vida?
O tu mano de padre que me cuida
me devuelve el dolor que se alejaba,
un regalo de amor que no esperaba
que despierta mi alma encallecida.
Y otra vez, en la Vía Dolorosa
me concedes honor de cireneo
por la senda más dura y pedregosa;
pues sin cruz sabes bien que no te veo,
no le quites espinas a esa rosa
delicada, la fe por la que creo.
¿Qué me hiciste, Señor, en esta herida?,
¿me la abriste, tal vez, porque cerraba?,
¿o quizás por la costra que ocultaba
la secreta penuria de mi vida?
O tu mano de padre que me cuida
me devuelve el dolor que se alejaba,
un regalo de amor que no esperaba
que despierta mi alma encallecida.
Y otra vez, en la Vía Dolorosa
me concedes honor de cireneo
por la senda más dura y pedregosa;
pues sin cruz sabes bien que no te veo,
no le quites espinas a esa rosa
delicada, la fe por la que creo.