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Esa rosa de la fe

Plegaria Soneto
Esa rosa de la fe

¿Qué me hiciste, Señor, en esta herida?,
¿me la abriste, tal vez, porque cerraba?,
¿o quizás por la costra que ocultaba
la secreta penuria de mi vida?

O tu mano de padre que me cuida
me devuelve el dolor que se alejaba,
un regalo de amor que no esperaba
que despierta mi alma encallecida.

Y otra vez, en la Vía Dolorosa
me concedes honor de cireneo
por la senda más dura y pedregosa;

pues sin cruz sabes bien que no te veo,
no le quites espinas a esa rosa
delicada, la fe por la que creo.
♥ 2 me gusta 824 visitas · 6 comentarios

Comentarios (6)

malco
malco ·
♥ 1
Hermosa plegaria, hecha poesía en este magistral soneto, un abrazo Salva.
Invitado ·
♥ 1
Muy bello, querido Lesmo.
lesmo
lesmo ·
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Muchas gracias, mi querido Manuel, por esta compañía amable de tu generoso comentario.
Gran abrazo, amigo mío.
Salva.
lesmo
lesmo ·
♥ 0
Mil gracias, querida Edith, por acercarte y dejar tu generoso comentario.
Con un saludo muy cordial.
Salvador.
E.Fdez.Castro
E.Fdez.Castro ·
♥ 1
Yo directamente no lo he vivido, pero siempre he estado al lado de la enfermedad. De ahí mi filosofía de lo transcendente. A mis nueve años murió mi querido abuelo, a mis veinte y cinco mi abuela, a mis treinta y tres enfermó mi madre y hemos luchadom dos, mas el cancer la llevó a sus sesenta y uno. Cinco años después enfermo mi padre y llevamos veinte y cuatro años de aquí para alla. Hasta hemos ido a Majadahonda por la radioterapia.
Con eso te quiero decir que pocos no soportamos una cruz, mas su anverso es que el sufrimiento nos hace más humanos y tu buenísimo soneto así lo demuestra.
Un abrazo.
Castro.
lesmo
lesmo ·
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El dolor que es propio puede espabilar el alma, en mi caso así lo ha hecho, El de los allegados queridos es más difícil de entender, como bien señalas, querido amigo. En todo caso el origen de estas letras es la vivencia personal. He visto a hombres y mujeres muy valientes enfrentarse a los dolores y nunca perder la esperanza, bastantes veces no en la curación, sino en la utilidad de sus sufrimientos, cosa ésta que los elevaba por encima del común.
Con toda gratitud, querido Castro, te mando un fuerte abrazo.
Salvador.
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