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Displicencias

Soneto
... perro que no me deja ni se calla
siempre a su dueño fiel, pero importuno.
[...]
Umbrío por la pena, casi bruno
Miguel Hernández.
Displicencias


No me busques compases de alegría
que muero lentamente solo y uno,
con gruñidos de un perro inoportuno
con un timbre de voz que conocía.

Y transito en el filo, noche y día,
de una espada afilada donde aúno
el calor que sentía que ahora ayuno
con lo amable vetado, y a porfía.

Mis desvelos lo son desconocidos,
degradados a ser obligaciones,
que con vara amañada son medidos.

Lo peor son la vacuas emociones,
la enorme displicencia en los oídos
atronando por todos mis rincones.

♥ 3 me gusta 556 visitas · 4 comentarios

Comentarios (4)

Pessoa
Pessoa ·
♥ 1
Magistral, amigo Salvador. La cita que haces con referencia a ese gran poeta que fue Miguel Hernández, provoca inevitablemente la comparación con tus versos. ¿Me obligarías a elegir? Un abrazo, amigo mío.
miguel
lesmo
lesmo ·
♥ 0
De ninguna manera. Te dejo aquí el soneto completo que aprendí de memoria para mi disfrute. Gran abrazo, querido Miguel.
Salva.

Umbrío por la pena, casi bruno

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que no me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y de cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

Miguel Hernández
Pessoa
Pessoa ·
♥ 1
Uno de los poemas preferidos de este mi poeta preferido, el sencillo, alto de mirar a las palmeras, elegantemente humilde... Y se llama Miguel: "Me llamo barro aunque Miguel me llame..." Gracias, querido amigo.
lesmo
lesmo ·
♥ 0
Sensacional, por supuesto. ¿Y este?

Como el toro he nacido para el luto

Como el toro he nacido para el luto
y el dolor, como el toro estoy marcado
por un hierro infernal en el costado
y por varón en la ingle con un fruto.

Como el toro lo encuentra diminuto
todo mi corazón desmesurado,
y del rostro del beso enamorado,
como el toro a tu amor se lo disputo.

Como el toro me crezco en el castigo,
la lengua en corazón tengo bañada
y llevo al cuello un vendaval sonoro.

Como el toro te sigo y te persigo,
y dejas mi deseo en una espada,
como el toro burlado, como el toro.

Miguel Hernández

Gran abrazo, denuevo
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