Resbala la vida en mis ojos cerrados
rasgando cautelosa la vestidura de la noche.
Desnudo se aprieta el tiempo
- temblando madrugadas –
muriendo su lenta muerte.
Un vacío imperceptible empapa abrazos
en la soledad que nombra
tu ausencia en mis labios.
Y ese rugir del viento agrietando pieles
- pasando de puntillas, sin rozarnos –
me regresa en leve agitación
a la inmóvil brevedad
donde se fraguan mis requiebros.
Ana Mercedes Villalobos