Las flores juguetean en la hierba
como queriendo conquistarnos,
y es que en Mayo se asoman sus
colores, que retozan en mis pupilas
vulneradas de vientos y de memorias.
Hasta el sol, que siempre
ha estado de pie, justo aquí donde
la madrugada se hace ausente, sabe que
en nuestros corazones pernoctan la voz,
la duda, las sombras y no amanece.
Más allá del callado murmullo,
nos abandonamos al bosque, quieto,
con la neblina besando las cimas,
plenas de ilusiones, sin reconocer
el gris que se aferra al silencio.
Y no es que la mañana no haya lamido
tu diestra, es que no encontró
tus huellas al regreso, y se quedó
empapada de tierra bajo el manantial
que desciende desde tu pecho.
En el minuto en que se desdibuja
el tiempo, llega el infinito vestido
de mañanas a rescatarnos.
Ana Mercedes Villalobos