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Cansada, se acomodó en la silla

El Cielo (o Céu) de Hojas Escritas Prosas
La duda, cansada de deambular en el zigzag de esta bitácora, se acomodó en mi silla. Quería ser parte de mi, que me sentara sobre ella, como queriendo penetrarme. Las dudas no entran con vaselina, rectas y certeras entran por adonde más duele. Sin aviso se presentan, y no tienen la delicadeza del amante entendido. Se llevan nuestra confianza, como el primero la virginidad. Casi nunca estamos preparadas para gozar de la duda. A qué se debe esta duda, quién es o qué busca es la razón de este viaje de hoy.

El amor y el desamor entre las parejas. La violencia implícita y explícita. Miedos, cobardías, microeconomía (¿?), tradición…el no y el sí.
La pelea transcurre y el amor late, deseoso de encontrar su lugar. Revisa, esa energía sin cuerpo propio que busca a los amorosos, busca y encuentra ser parte. Y la duda, tan necesaria, cuando mal encauzada, suelta la pasión del odio y todos los vicios opacan los pensamientos. Orada con la ayuda del viento, del tiempo y de una memoria domesticada. Hacen su trabajo buscando allí abajo, adentro, todo tipo de excusas para determinar culpables.

Sin embargo, es la duda la que insiste que nos preguntemos, y justifiquemos nuestras decisiones, la postura que elegimos, si nos quedamos o partimos. Y la duda, ¡ay duda!, aviva pasiones, descontrola al incontrolable; acelera el ritmo e impide que actúe con mesura cualquiera de las partes.

Las palabras salen de la misma boca que ayer te besaba, quien ayer te elogió hoy te derrumba. ¿Puede tu estima depender de eso? Advertencias, amenazas, la tristeza, la bajeza...

Ya la mano no acaricia, ni el fulano o la fulana contienen, esa mano ahora lastima. Y las heridas tienen por testigo a tus amores, oídos y ojos pequeños, cerebritos inocentes que absorben y sufren. Se dice, me dice: No siempre fue así. No siempre será así. Ojos enrojecidos, sal cubriendo sus mejillas, párpados llevando la marca del cansancio, moretones en sus brazos cargando cobardías (ahora ajenas), miopía para saberlo culpable... la impaciencia y tu hidalguía con un miedo atroz escondido entre las piernas.

Nada brilla en tu zaguán,
bajo la mirada agobiada
toda belleza es fea.
Cansada estás de tanta tiranía.
¿Y qué harás en esta vida?
La duda debajo de ti, mueve la silla.
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Comentarios (2)

Chiqui Abreu
Chiqui Abreu ·
♥ 0
Wow, un maravilloso escrito, abres la puerta a la reflexión, a estudiar nuestras dudas, y vencer lo nocivo de ellas, dejando todo con matices digeribles, que puedas absorber, algo que alimente en lugar de corroer...
Excelente, querida Cel, la duda da para mucho, se presenta hasta para elegir el sabor de un helado, o lo que queremos ver en el cine; el asunto está, en saber sacarle distancia, aventajarse ante ella, ponerla en su sitio, aplastarla contra la silla, inmovilizándola, permitiendo sólo un roce, para que el daño no quepa.
Besotes,
Chiqui.-
Céu de Buarque
Céu de Buarque ·
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Es interesante lo que dices. Una duda aplastada por el razonamiento. En lugar de impulsivamente dejarse conducir por pasiones descontroladas, que vienen a convertir las relaciones con el entorno en un transtorno. Estaba investigando el tema de la violencia en las parejas, y muchas de ellas radican sus discusiones que llegan a la agresión por causa de celos, y éstos que son sino dudas mal encauzadas. A veces hay razones, pero si se dialoga...es preferible la separación antes de seguir lastimándose y lastimando a los frutos de un amor que ya voló hacia otro lugar.
Gracias por el aporte, los lectores agradecidos querida escritora. Un lujo contarte entre las comentaristas. El espacio se enriquece y deja de pertenecerme, situación que me agrada sobre manera.
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