Cada amanecer
nos acerca a otra partida,
rogamos porque el tiempo se estacione,
más los minutos lentamente
siguen su marcha.
Somos dos cuerpos frente a frente
que tejemos de a ratos una historia,
noches aromadas de jazmines
y ese canto suave de caracolas.
Tu voz siempre llega desde el norte,
un minúsculo instante de almas
que se tocan en dulce melodía,
solo eso basta,
y florece el universo.
Luego la noche,
un oleaje sereno que nos lleva a la orilla.
Estar juntos,
el calor de tu piel sobre mi piel,
me confunde,
mi manos se van quedando huérfanas
en esta madrugada infinita.
Ana Mercedes Villalobos