Conversan tu rodilla y mi rodilla,
se duelen de los pies que no han cesado
de moverse de un lado hacia otro lado,
torciéndose a su vez la pantorrilla.
Cansadas van clamando por la silla
que descanse su humor, ya resfriado,
no saben si la fiesta se ha acabado
y al fin puedan tirarse en la esterilla.
A estas horas no hay plática que valga
la fatiga se abraza a nuestros huesos
ya los chicos se afanan por que salga.
Los tobillos calientes y felices
se ven con picardía, ¡que traviesos!
al final, se comieron las perdices.
Ana Mercedes Villalobos