El cuerpo desnudo reflejado en tu rostro,
suspende mis pensamientos.
Tu mirada, presente, irradia
el perfume de una mujer que deseo.
Vuelvo a verte, una y otra vez,
los labios carnosos que muestras y
saboreo los que solo muestras cuando, ardiente,
empiezas a exhalar ese aroma en el aire,
y señalas a todos que eres mía.
Y no dejo de amarte,
aunque tu rostro lo vean hombres y mujeres
que nunca te besarán;
puedo adorarte con ellos y ellas
pero, entre hilos de seda,
solo mis dedos y mi lengua
acarician tu piel
divina, me interno en tus rincones,
apenas respiro, en ese túnel,
puedo ver cuando palpo
y viajo...
mi amor, viajo.