(Dedicado a Alejandra Pizarnik)
La piel humedece el trueno de la memoria
los ojos disipan estrellas celestes.
Ávido inconsciente
tus trazos y el capullo amargo.
La indeleble oscuridad de la euforia
lacera sus córneas arrugadas
y lúgubres.
Un mal vuela por tu cabeza
y yo veía lo que eres.
Al tomar por puntas la locura
tersa criatura
enredada de tu alma.
La realidad voluntaria
dobla la luz a tu rostro
un pájaro se arroja al aire.
Yo veía que realmente eres.