Llega la noche impoluta,
cantando soledad ciega,
con su manto de agonía
exhibiendo sus estrellas
y sus grises nubarrones,
en tul de ilusiones nuevas.
Yo en mi ventana, la admiro,
escucho sus bellas cuerdas,
que acarician mis crespones
en sus fúnebres bandejas,
¡Oh noche bendita y clara!
¿Por qué levantas barreras
a nuestro divino amor?
Oye tú todas mis quejas,
dame respuesta propicia
en mi triste cuarentena,
dile que en verdad lo quiero;
no me importa sus caretas,
¡Oh querida luna grande!
Su amor y razón inquieta.
Autora: Edith Colqui Rojas-Perú-Derechos reservados
Un abrazo, Edith.