La vida es humo, polvo y sabe Dios que.
Caminamos en la cuerda floja del suicidio
que es el brazo más ancho de la muerte
esperándonos hambriento.
Las peras amarillas
miran con sus ojos congelados;
estremecen mis cimientos,
sus pisadas
de enfurecidos soldados.
¿Me bañaré en la piscina de Siloé
para expiar mis pecados?
Para mis pecados no hay piscina que aguante.
Un gato es arrollado en la acera,
como el pobre huérfano
nadie le llora en su funeral.
Author: Edith Elvira Colqui Rojas-Perú-Rights reserved