Había fingido que de frente tenía un río. Que ese río terminaba en otros por ahí. Más acá del mar los sentires eran cálidos, y dejé que la burbuja del sol me inunde de sus tibias manos de abril. No era abril pero el astro tenía su nombre y sus días. Quizás todo corría hacia ninguna parte. Los momentos y las dudas no sabían que existía un caudal, una forma y un lugar. Todo tornaba en ridículas sensaciones a la hora del mate o a la hora de dormir. La mirada en prisma, el ojo en superficie, la esfera interna del cariño, como imponente aguacero, bañaba la paz que huía del precio ulterior. Debí de pagar en otro cuerpo está alegoría, no sé. En transe el humito, mis manos rondando el hecho y la piel de la primavera en su fondo lejano de azules mataba otro sueño.