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Hay un instante de mi vida
en que detengo la mirada
más allá del quejido de las horas,
es el breve espacio en que me ausento.
Entre los pasillos de mi alma
se levantan las tormentas
que propician mis silencios,
y allí, donde el amor comienza a doler,
me pierdo.
Remontando auroras levanto mi rostro.
En los rosados violetas en que se borda el sol
mi alma se aquieta,
es como volar del infierno al cielo en un segundo,
como naufragar en el océano
reclamando tu presencia.
En ese instante detenido en que mis labios
son sólo un eco, un poema sin pronunciarse,
se esfuman las voces
y vuela la palabra rompiéndose en el viento.
Ana Mercedes Villalobos
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Hay un instante de mi vida
en que detengo la mirada
más allá del quejido de las horas,
es el breve espacio en que me ausento.
Entre los pasillos de mi alma
se levantan las tormentas
que propician mis silencios,
y allí, donde el amor comienza a doler,
me pierdo.
Remontando auroras levanto mi rostro.
En los rosados violetas en que se borda el sol
mi alma se aquieta,
es como volar del infierno al cielo en un segundo,
como naufragar en el océano
reclamando tu presencia.
En ese instante detenido en que mis labios
son sólo un eco, un poema sin pronunciarse,
se esfuman las voces
y vuela la palabra rompiéndose en el viento.
Ana Mercedes Villalobos
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