RUEGOS A UN AMANECER
Ayer todo fue extraño
sensaciones clavadas en una soledad
sin huellas.
Miro un cuerpo invisible
ante el espejo que sonríe,
algunas
imágenes que se mecen en jaulas
tienen el mismo disfraz
que las heridas en mi espalda.
El sueño es fiel, aprendimos,
yo estaba en ese sueño
calculado,
inocente
como el primer beso.
Que fatiga tan dulce
sofoca la garganta
era el eco de un nombre
que regresaba en el vacío
que se paseaba por el cuerpo
como talismán
sobre el cuello de la vigilia
de las horas.
Es la fuerza del miedo
que me mueve.
Bésame,
le ruego
al reloj tejido
sobre la lluvia oscura.
Bésame,
con la intensidad
de sus labios,
con el fuego
de su boca,
con la mirada
de sus ojos divinos,
con la tiesura
de su cuerpo
grabado en piedra.
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Guadalupe Cisneros Villa
28/4/2022
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