Te tengo aferrado
y aún si tu intención es otra
no te dejaré entrar a la sala de los sueños
pues soy dueña de tus actos y de tu abatimiento
Cuando yo quiera te substraeré de tu soledad de pequeño cíclope
Cuando yo quiera te haré llorar
la cándida lágrima,
la que quiere estar presente hoy, ayer y mañana.
Cuando yo quiera daré la orden que la tierra se abra
y que el abrazo de mis ríos
te lleven con calma a la serenidad de las sábanas,
y en ti seré luego la niña de antaño,
la muñeca de trapo,
acurrucada en tu pecho
esperando, con un ojo en el cielo
y el otro en lo obscuro del cuarto,
que se despierten los gallos con sus crestas doradas
al rojo de sol....
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E.Roberto