
el tiempo, es un hermoso animal de infinita paciencia que nos espera a todos. Si, a todos, dijo el tiempo, y prendió su último cigarrillo, sus ojos ya tenían el color de las nubes bien cargaditas de agua cuando subió al tren inmóvil, , voy tarde, pensó, otra vez tarde, tenia un asiento solo para él, con dedos agiles giro la pequeña pirinola que da cuerda al reloj de su muñeca que inmediatamente empezó a gritar que ya eran las cuatro de la tarde, dejo ir su mirada, que en ese momento era completamente gris, a través de la ventana sucia de huellas dactilares y el mundo comenzó a girar nuevamente, con su gentes, sus autos y sus pájaros. Y el tren rojo de la calle Belgrano siguió su camino planeado como debe de ser hacia Godoy Cruz o algo así sin que absolutamente nadie notara nada de nada. En ese preciso primer segundo por fin la lluvia tocó el suelo.
Volamos corriente arriba, calle abajo, en el río del tiempo. Brindo (con café negro, bien cargado) a su salud.